¿Cómo vivimos en nuestras relaciones?

En muchas ocasiones nuestra forma cultural de estar en relación se genera a través de afinidades, atracciones, rechazos, anticipaciones, reglas tácitas, estructuraciones del tiempo, que generan formas de estar, de pensar, de sentir y en definitiva de ser. Todo esto va generando el conocimiento identitario de mí, del otro, de los demás, y de cómo son las relaciones. Esto evidentemente genera implicaciones personales, sociales, culturales y también políticas.

La mayoría de las veces todas estas implicaciones en el ser y el relacionarse transitan de una forma no consciente y por tanto no reflexiva, aunque no exenta de que quede algún saber de lo que ha acaecido. Alguna impresión pre-reflexiva, algún sentimiento no elaborado pero que en muchas ocasiones podemos seguir el hilo y conocer. Estamos viviendo siempre, tomamos implícitamente decisiones continuamente, muchas veces tácitas, indirectas pero que desde las cuales surgen consecuencias. Cualquier acto tiene consecuencias. Tal vez son intrascendentes pero otras veces generarán consecuencias no previstas.

Muchas veces cuando nos encontramos ante un conflicto personal no sabemos que sucede. Lo que sí sabemos es que sentimos algún tipo de malestar o que somos el protagonista directo de algún tipo de malestar. En ese momento nos ponemos a pensar o especular, sentimos el problema, nos acercamos a la persona e intentamos dialogar. Bueno. En verdad no, esto no lo practicamos en nuestra cultura. Más bien intentamos evitar el malestar tapándolo o evitándolo, no dándole importancia y haciendo ver que no ha pasado nada o lo que es peor poniéndonos a competir, oponernos o atacar sin sentido. En ocasiones esto no hace más que crecer el conflicto y más tarde o más temprano tenemos que afrontarlo puesto que está en nuestra vida. ¿Cuantas relaciones son tratadas desde la indiferencia hoy en día…?

Como seres sensibles que somos tendemos a conocer, estamos siempre conectados a nuestra sensibilidad y recibimos muchas impresiones de todas partes. Esto suele generar a veces cierto estrés o desgaste si nos sometemos a mucha estimulación, ya sea positiva o negativa. El caso es que solemos tender a estimulaciones positivas. A nadie se le ocurre estimularse poniendo los dedos en agua quemando, pero si en agua tibia cuando hace frío y eso nos gusta como seres corporales que somos. Si trasladamos esta analogía a nuestros cuerpos de persona, ese cuerpo más mental, que engloba nuestra forma de ser e identidad, igualmente tendemos a buscar lo positivo, lo que nos gusta. Y a repetirlo. Nos gusta la seguridad, la comodidad y saber que sucede y que nos sucede. Creo que esto es algo muy natural y dado, como seres humanos y mamíferos que somos. Esta idea que expongo podemos trasladarla a nuestro mundo social y cultural. Generamos instituciones que guardan nuestro mundo cultural construido hasta el momento. El problema es que muchas veces estas instituciones no transmiten los cambios que se generan continuamente a nivel cultural y se generan conflictos, bloqueos que pueden generar malestar. Un poco es está época posmoderna, donde vivimos una diáspora explosiva de libertad e irresponsabilidad en el mundo occidental que amenaza grandes desigualdades para el resto del mundo.

El sentido e intención de este texto no es hacer un análisis político de las implicaciones culturales e incidir en las instituciones sociales. Más bien es reflexionar de como interactuamos y vamos microconstruyendo pasito a pasito nuestras relaciones con los demás. La mayoría de las veces vamos suponiendo sobre los demás, creemos saber sobre los demás, y eso genera vectores de comportamiento y decisión sobre los demás. Y si bien es cierto que conocer a los demás es algo que se va dando no tendríamos por qué fijar en los demás nuestras suposiciones de cómo son ellos. Evidentemente esto es muy difícil si seguimos calculando a los demás en nuestro fuero mental interno, privado y secreto. Aquí es donde podríamos aprender a dialogar, que no es más que ponernos a pensar juntos sin necesidad de concluir ningún supuesto saber sobre mí o el otro. Y de allí naturalmente surgiría algún conocimiento consciente y reflexivo. En esta breve reflexión invito a leer sobre el concepto de no-saber de Harlene Anderson y de las prácticas colaborativas y dialógicas, puesto que mi inspiración al escribir esto viene de ahí.

Esto que estoy diciendo tiene muchas implicaciones. Si yo me dispongo a escuchar y reflexionar junto con los demás es muy probable que tenga que escuchar cosas que no me gustan o que si me gustan, pero igualmente me pueden tensar o me evoquen respuestas. Hay algo que aprendí en un taller de Ken Gergen, que básicamente viene a decir, “nada es requerido”. Podemos escucharnos, y podemos no decidir nada. Existe un tiempo para la escucha reflexiva, que es profunda conexión de estar juntos y existe un tiempo para decidir, pero primero vivamos el proceso desde la incertidumbre. La certidumbre vendrá en forma de acción. Démonos y demos tiempo para escucharnos y reflexionar. No es un tiempo de olvido, de ausencia o de evitación; no, eso es aislamiento e individualismo. Es un tiempo en el que tendremos espacio para escucharnos y darnos una respuesta. Tal vez la primera respuesta es darnos espacio relacional. En nuestra cultura no nos lo damos. Todo está tan estructurado, y a veces la estructura es invisible, que son como redes que impiden el paso a la vida.

La vida está viva. Todo lo que percibimos está vivo, es nuestra propia emanación, nuestro ver, nuestro sentir, tocar, oler… estamos aquí y allí imprimiéndonos en la vida. Reflexionar es algo más complejo, pero vivámoslo como un sentido de saber y sabernos. Muchas veces sabemos cosas de las relaciones y no sabemos ni porqué las sabemos. Forma parte de nuestros aprendizajes contextuales que implican nuestro ser y nuestra relación. Lo que propone está reflexión no es un saber más, sino una práctica bien sencilla: reflexionar juntos contactando nuestras sensibilidades y dejar que el proceso nos lleve a las acciones necesarias y adecuadas.

 

 

 

 

 

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Punt cec

Aquest text el vaig escriure quan era gestáltic i no coneixia prácticament cap altre orientació…encara i així ho considero molt interessant la metáfora del punt cec… la intersecció conflictiva del meu món corporal, personal, social on es detona un patiment…. per ampliar, és clar…

Punt Cec

Si bé es cert que el creixement individual es implícit a tot ésser humà, en ocasions es important el paper d’una persona que té capacitat per veure allò que un no pot veure de si mateix. Aquest rol, el del terapeuta, es el que ajuda al terapiat a posar atenció en els punts cecs de la persona que necessita d’acompanyament. Però que es exactament un punt cec? Són els punts de la nostra personalitat que nosaltres no veiem per si mateixos i que solen implicar conflictivitat en les relacions, patiments i repeticions compulsives a la nostra vida. Aquests punts solen ser el més complex de treball a teràpia, deia el psiquiatra Fritz Perls que quan el client arribava a aquest punt cec abandonava la teràpia i tot el treball anterior només havia servit per reorganitzar la vida de la persona en funció de no tocar aquest malestar profund, en resum, per ajustar-se millor al medi, però sense tocar en profunditat el veritable problema de fons que contrau la persona. En l’actualitat la teràpia experiencial i humanista ha profunditzat en els plantejaments que deia Fritz Perls a la seva època, que tot i ser innovadors pel moment i ara també, encara hi mancaven certa comprensió.*

En aquesta societat, degut al estil cultural i de criança aprenem a viure amb moltes carències, ja des de petits es possible que hàgim rebut falta de contacte, de estima, de guia, de realitzar el que realment volem, i en ocasions i casos més severs, negligències o maltractaments emocionals. En el nostre desenvolupament aprenem a no donar importància ni atenció allò que no podem satisfer, per les raons que hagin sigut: “si demanava no podien donar-m’ho”, “no podia donar la meva opinió”, “plorar no es d’homes forts”, i això acaba configurant una forma de sentir i de viure al món. El problema resideix en que quan un es adult es troba amb les mateixes carències que va tindre que tapar de petit però es manifesten de formes depenents i manipulatives al entorn, per exemple s’observen persones que són adictes al treball i no tenen vida social, o persones que viuen en solitud sense poder vincular-se afectivament, etc. El comú d’aquestes persones es que potser no tenen patiment conscient de la seva vida, és més, es tan molt bé adaptades al seu món actual. Hi ha altres persones que no, que quan tenen conflictes o pèrdues en les relacions socials, a més, entren en un profundes depressions, o persones que s’orienten només a ser elles mateixes i no veuen a l’altre. Això ho poso com exemples que tots coneixem i segurament els hi diem, “no treballis tant home!”, o “aquesta persona realment et feia mal”, al cap d’un temps veiem que continuen amb el mateix patró, o que assumeixen un altre projecte empresarial que els hi fa tindré molt stress i fins i tot escoltem les seves queixes….

Bé, aquestes persones solen tindré punts cecs a la seva vida que els hi fan repetir aquests plantejaments, i des d’aquí originen tota una personalitat i una vida que compensa i manipula aquesta carència oculta a la seva consciència. “Els meus llocs dolorosos són cecs per a mi”, en aquesta frase resumeixo la idea que vull argumentar en aquest text. Tots tenim punts cecs i no es tracta de jutjar la vida de l’altre, però quan una persona pateix, justament el que li passa es que no veu com pateix i que és el que li fa patir, inclòs en ocasions, un pot racionalitzar el que li fa patir, però no ho ha vivenciat, no ha pogut passar pel buit que suposa entrar en el punt cec sense la conducta depenent, manipulativa o compensatòria al seu medi. En teràpia es facilita veure aquests punts cecs, que d’alguna forma intuïtiva un coneix de si mateix, i a través d’una relació empàtica, d’una atenció plena al cos, d’un respecte profund al ésser que davant meu es mostra, s’ajuda a créixer en aquesta zona carent, en aquest punt on no hi va haver amor, guia, contacte, i que per contra es viu com angustiós o perillós. Possiblement, després d’un procés significatiu per la persona, aquesta es troba més lliure i conscient de les actituds que ell mateix elegia i que veia que li feien mal. Quan es dissolt un punt cec la persona aprèn a viure de forma més responsable i satisfactòria en aquelles zones on patia, l’executiu continua amb la seva carrera però es deixa temps per la seva vida social, es relaciona un de forma més sana amb la parella i en definitiva i de forma fluida i natural, es converteix el punt cec, en punt fort.

*En un següent text parlaré de com afrontar des de la consciència i la relació terapèutica aquest punt cec o buit existencial que condiciona la nostra vida.

2ª Parte. Reflexiones co-creadas en el taller de Gergen

En este sábado con Gergen y el grupo ha sido para mí realmente revelador de lo que mis intuiciones y reflexiones me han ido guiando. He podido profundizar en la principal idea que Gergen ha compartido con nosotros, nos decía “ver la realidad no como un reflejo de la verdad sino como algo que utilizamos”. Hoy hemos empezado a practicar las conversaciones generativas.

Antes de presentar esta práctica, tenemos que darnos cuenta cuales son las formas en que solemos practicar nuestras conversaciones, las cuales en ocasiones son degenerativas. Estas se basan en responder con la intención de oponerse a lo que el otro dice, de juzgar, de decir que eso está mal, de negar lo que el otro dice, de indicar que eso es erróneo o mentira o simplemente con la intención de querer tener la razón o convencer al otro. Estas conversaciones suelen ser un juego de poder, de imposición, de justificación. Evidentemente este tipo de conversaciones nos llevan a la tensión, a alejarnos y a los conflictos. Así sucede luego en la práctica.

En las conversaciones generativas entramos con una actitud de invitación a compartir nuestras experiencias. Una invitación que el otro puede no aceptar. Las conversaciones generativas no son la última solución a los problemas psicológicos o soluciones estructuradas, más bien son la práctica de una comprensión, de una forma de estar en nuestro medio lingüístico, en esos discursos que siempre nos repiten. En una conversación generativa entramos desde una actitud de duda ante la realidad, con la firme voluntad de dejarnos a merced de la conversación en la relación. Lo que interpretamos de las personas a través de nuestras impresiones, prejuicios o sensaciones son pre-imágenes o representaciones de las personas, no las personas en si mismas. En muchas ocasiones no podemos decir que eso son las personas. Sin embargo funcionamos con esas imágenes en vez de funcionar desde la idea de que a través de las conversaciones vamos creando relación. Necesitamos algún tipo de certeza de quien tengo delante, algún “me gusta” o “no me gusta”, aunque sea muy superficial; tendemos naturalmente a ello y es reforzado por nuestra sociedad del yo. Creo que eso no ayuda a generar conversaciones generativas, aunque si ayuda a dar estabilidad y orden a mi mundo de constructos personales. Hacer un paso hacia la relación es dejar en la duda y la incertidumbre todo lo que pienso o siento de ti, incluso cuando ya te conozca bastante bien. Creo que es un gran ejercicio y necesario. Aunque es proceso y no exento de crisis.

Como decía Gergen, lo generativo es intentar construir algo que no estaba antes. Es abrirse a generar alguna posibilidad, para ello es importante dudar de nuestras certezas. Implica una actitud de duda, no de negación de lo que sabemos, es una actitud a la hora de conocer, no de lo ya conocido. Aunque ciertamente a lo conocido no le damos un valor de verdad absoluta, ya que eso implicaría cosificarlo o dogmatizarlo. Es importante observar que en una conversación generativa no buscamos un objetivo, compartimos una orientación, un rumbo y sobretodo es algo sentido y reflexivo al mismo tiempo. En la práctica del taller compartíamos en grupo nuestras dificultades en las relaciones y nos embargaba una sensación de que estábamos fluyendo juntos en la co-creación de algo, de lo que dialogábamos nos daba sentido, podíamos expresar y no tener porque justificar ni convencer ni nos sentíamos juzgados, pero al mismo tiempo era algo coordinado. Eso es bueno, bello y valioso. No es una técnica, es una disposición a crear juntos.

La conversación generativa siempre es una invitación recalcaba Gergen, nunca se puede imponer, pero si es importante reconocer que necesitamos condiciones para que se de. En un resumen breve de las condiciones que posibilitan un tipo de conversación asi nos encontramos con:

-Estar abiertos a no saber, a estar cómodos dudando y cuestionando. No se trata ni de negar ni de aceptar ni de negar nuestros conocimientos.

-Es necesario confiar.

-Sentir libertad de ser y expresarse como uno es.

-Vivir un sentimiento de que estamos creando juntos. Como si nuestro ego individual diese paso a un ego relacional o colectivo, como si una inteligencia sin aparente orden o control surgiese de nuestra relación.

-No nos oponemos a lo que dice el otro, más bien seguimos el flujo sentido y reflexionado de lo que mueve la conversación.

-Surge una continuidad significativa en la conversación, como un “encaje”, una coordinación de nuestros comentarios, las ideas que compartimos parece que tiene sentido para nosotros.

-Nos arriesgamos.

-Escuchamos.

-Nos reconocemos y aceptamos en nuestra singularidad.

-Nos damos valor y respeto. Podemos no estar de acuerdo pero no invalidamos lo del otro. Tal vez en este momento la conversación se bloquea, o se interrumpe pero podemos retomarla en otro momento. En este sentido Gergen nos invitaba a generar todo tipo de prácticas creativas para mejorar las relaciones. Explicaba el ejemplo de dos amigos que cuando se enfadaban se iban juntos a meditar hasta que encontraban un punto de calma para volver a retomar la conversación. O bien el ejemplo de una mujer que cuando tenía conflicto con su marido y estaban en medio de una discusión, ella se paraba y se iba al sofá y le invitaba a sentarse a su lado, entonces el marido se sentaba y ella le decía pon la mano en mi pierna, el marido lo hacía, y luego ella le decía, ahora dame un beso… y el marido se soltaba a reír…

-Surge aprendizaje.

-Existe un rumbo sentido aunque no se sabe que será el resultado.

-Reconocer el núcleo positivo de cada uno, haciendo referencia a la indagación apreciativa.

-No entrar en el desarrollo o desenlace del juego que nos ha traído aquí en situaciones de conflicto. Poder parar y reflexionar que estamos haciendo juntos.

Para mí me ha parecido muy significativo una frase que ha dicho Gergen, “la amistad es una habilidad”. Eso me ha llevado del mundo abstracto a un nivel de concreción donde he podido unir mis dos mundos idealistas, los valores y la forma de llevarlos a cabo. Cambio el idealismo por el pragmatismo y no renuncio a mis valores, al contrario encuentro una herramienta para poder construirlos: conversar.

En ocasiones en el taller ha habido momentos donde parecía que el construccionismo social se elevase a verdad absoluta en algunas conversaciones entre los participantes, lo cual invitaba a duras oposiciones que se han suavizado porque nos dábamos cuenta de lo que estábamos generando en ese momento. En este punto es preguntarse, ¿a qué te está invitando lo que escuchas? La forma en cómo lo decimos, el tono, las palabras pueden rápidamente destruir una relación o impedirla, sin embargo de otra forma, pueden florecer. Gergen hablaba del gradiente que tienen las palabras y donde nosotros podemos aceptar unas pero otras se nos puede hacer insoportable. En este sentido Gergen reconocía explícitamente un profundo respeto por las diferentes tradiciones que viven en este mundo y que él se disponía a conversar con todas. Creo que para mí eso es muy importante. No creo que sea importante utilizar el construccionismo social para seguir oponiéndonos a otras visiones o tradiciones, sino más bien como una visión que nos ofrece una serie de prácticas para poder convivir y conversar en la diferencia. Creo que todas las tradiciones enfocan en un tema u otro la vida, las ciencias sociales, la política, la psicología, etc., todas son igualmente a mi entender construcciones que se hacen en el seno de comunidades humanas pero mediatizadas por otras épocas, circunstancias o sentidos. Gergen decía “no congeles nada, es la base del conflicto”. Pienso que una forma de mantener siempre la conversación viva, es dejar las cosas abiertas y no cerradas. Intentar tener la razón es invitar al conflicto y ¿para qué nos sirve el conflicto? Bueno, tampoco se trata de negar nuestra propia conflictividad inherente pero tal vez de apropiarnos de lo que estamos haciendo.

No se trata ni de impedir ni de crear conflictos, sino de estar en la conversación de forma que podamos generar posibilidades que nos acerquen, nos den bienestar. Creo que esto forma parte de una ética relacional. Yo puedo tener distintas formas de ver un suceso y cuando me encuentro en un colectivo o alguien que tiene una clara diferencia conmigo me parece que es sumamente importante respetar su mundo de significado aunque no este de acuerdo. La mayoría de veces no respetamos, simplemente estamos en silencio. El sentido de respeto que intento trasladar es de darme cuenta que son perfectamente válidos sus significados, sean los que sean. Eso no quiere decir repito, que este de acuerdo.

El caso es que esto es muy interesante si, pero ¿qué pasa cuando nos encontramos con las emociones, con los sistemas, con las circunstancias que nos dificultan en exceso nuestra capacidad para conversar generativamente? Gergen ofrecía alguna idea para mi reveladora del tema de las emociones, “las emociones son parte de la acción comunicativa, no es que tenga un sentimiento y actúo sino que el propio sentimiento es la acción”. Este tema me deja en la posición de reflexionar sobre esos momentos donde recibimos súbitos impactos emocionales donde nos arrastran a un malestar, en esos momento yo estoy comunicando. Es aquí donde Gergen recalcaba “nada es requerido”, o sea no tengo porque seguir el hilo comunicativo de esa emoción o incluso pensamiento que me surge, no tengo porque darle más leña a esa emoción, a proseguir con ese juego al que he sido invitado o me sucede. Creo que eso es sentirse libre de decidir que hacer. En esos momento puedo acudir a mi ética relacional y decirme que está pasando en la relación e intentar invitarme e invitar al otro a generar algo o minimizar la conflictividad. Creo que es algo que hacemos continuamente, pero tal vez no le damos valor.

En el taller se hacía presente lo poco conocido que es en la cultura pensar, sentir o actuar desde lo relacional, no tenemos practicas relacionales, nuestra tradición adora el individualismo, la exaltación de lo emocional, de los sentimientos, como si una emoción fuese algo que me sucede, en vez de algo que yo también construyo conmigo mismo. Una cosa es la fisiología de la emoción, que es común a todos los mamíferos y todas las emociones, pero la emoción en si es un movimiento cultural, responde siempre a una relación con algo o alguien en un contexto. Es entonces que yo llego a la comprensión de que si realmente considero que es mejor para mi vida y para la vida asumir una ética relacional es también importante practicarla en todos los momentos, o al menos en los momentos de conflictividad. Por ahí andan ahora mis reflexiones… hacia la construcción de un sentimiento dialógico en nuestra relaciones sociales.

 

 

 

Reflexiones co-creadas en el taller de Gergen

¿Que es un problema?

Los problemas tienen que ser solucionados. Esta es una tradición que heredamos. Antes de analizar el problema, ya damos por hecho que lo es y nos ponemos a buscar soluciones. ¿Y si antes de dar por hecho la historia explicada nos ponemos a reformular, en un acto de deconstrucción reflexiva lo que estamos escuchando.? Podemos reformularlo desde el Yo, el Tú, la Relación o la Situación, como nos ha propuesto Gergen; ¿cómo me veo desde mi en este problema que narro? ¿como veo al otro? ¿que pasa en la relación, como está la relación? ¿como es la situación?.

Si aceptamos que dialogar son acciones coordinadas, más que de entedimiento mutuo, yo realmente no se que voy a generarte a ti cuando leas esto, ni tampoco se si va a haber respuesta o qué respuesta será. Esto es realmente dialogar, abrirse a ese espacio de abertura, pero no desde una actitud, sino desde una firme comprensión de que nos circunda una gran incertidumbre.

¿Como nuestras formas de pensar y/o sentir generan el problema, refuerzan aún más los supuestos hechos y digamos que comprometen una respuesta por nuestra parte?. Somos herederos de formas de pensar ya prefabricadas en la cultura, con sus ordenes de solución o actuación. Es sorprendente observar que no siempre un problema es tal y que no siempre un problema tiene porque ser respondido y desde nuestra tradición psicológica. ¿Y si le preguntamos a un cocinero que haría él con determinado problema? Seguramente esto ya nos descoloca. No no es posible… Pues mira Chicote lo que va haciendo por ahí…!jeje. A algunos le es útil, a otros no.

Tenemos la opción de no reaccionar ante un acto, ante un significado, ante un hecho. Esto no está hablando de suspender nuestra moralidad ni de ignorar el asunto. Es simplemente puntualizar algo que está en nuestras manos. Si me insultas, tengo muchas opciones. Nos es dificil desapegarnos de nuestros patrones, de nuestros guiones emocionales, de esas reacciones corporales, de nuestra más pura corporalidad animal, sufrimos conflictos, tensiones. En definitiva es porque estamos vivos, ese no es el problema ni tampoco podemos alejarnos a un ascetismo absurdo ni vivir en un paraiso total. Lo que podemos hacer es empezar a vernos desde lo relacional y eso implica un continuo trabajo de re-flexibilidad.

Somos seres sensibles, sufrimos impactos. Podemos aumentar nuestra flexibilidad a través de conversar sobre lo que significamos. Está es una opción más.

La realidad, eso que está ahí y donde ahora fijo mi atención, y que a través del lenguaje lo significamos, tiene un sentido pragmático, cumple funciones. La realidad per se es un hecho, un movimiento, algo que está sucediendo, que nos sucede. Al narrarlo en el lenguaje le damos un valor y un determinado valor que es orientado hacia una dirección. El lenguaje es una tecnología social. ¿La sabemos utilizar? ¿para qué fines?.

Los hechos y las descripciones de los hechos no están vinculados de forma milimetrica, puede que en ocasiones no tengan nada que ver. Mentimos, a veces desde la propia confusión o con la intención deliberada. Pero esto siempre lo hemos sabido. Lo interesante es que según que descripciones tengamos de los hechos nos orientamos hacia un lugar u otro. ¿No es darse cuenta de eso apropiarnos de nuestra herramienta de lenguaje? No vamos a cambiar los hechos en el pasado (lo que ya pasó), puede que tampoco con esto de por si podamos cambiar el mundo. Pero nos da algo de esperanza, nos acerca más a nuestra naturaleza sociolingüística. El problema no es la interpretación de los hechos, sino el hecho en si. Creo que nos quedamos enredados en las interpretaciones de los hechos, cuando las interpretaciones tienen que tener la función de esclarecer los hechos para orientarnos en los fines éticos que deseamos. Los hechos siempre ocurren en relación a algo o alguien, sino están con nosotros no nos invitan a responderles. Los hechos ya están hechos, son lo dado, aquello que ocurre, las acciones, lo fáctico.

Yo me pregunto y ¿si empezamos a hablar de los problemas como si no fuesen problemas? Si optamos por no dar nada por hecho en un continuo dialogo. En un estar cómodo en nuestra propia piel al mismo tiempo que reflexionamos sobre la vida. A modo de juego tal vez. ¿Y si reflexionamos sobre la importancia de cómo acercanos a eso que se llama realidad, desde donde entramos en la “realidad”? ¿Y si no nos hacemos tanto caso, tanta importancia…y empezamos a reflexionar junto con las relaciones?

El planteamiento es de reto, porque si bien es relativamente fácil comprender el construccionismo social, es en la práctica continua, en lo profesional, personal, cultural, politico donde encontramos dificultades complejas para llevarlo a cabo. Creo que la verdad no existe, más que una existencia de silencio que genera formas continuamente. Existen múltiples verdades, infinitas, tantas como deseemos crear. ¿Cuál será la próxima verdad que vamos a generar? Si en algún tiempo fuimos capaz de controlar la naturaleza, tal vez es tiempo de controlar el lenguaje y que no nos quedemos controlados por el…

Reflexivo

El símbolo del infinito que utilizo para asociarlo a las prácticas colaborativas y dialógicas tiene un sentido. Leyendo el articulo de Lynn Hoffman (Una postura reflexiva para la terapia familiar) en relación a la palabra “reflexivo” me inspiro a poner esta imagen. Cito a continuación: “Un sinónimo gráfico de esa idea podría ser el número ocho, que es el signo del infinito y en el que veo un anticipo de la vieja idea del círculo o espiral. Uno tenía un lugar para el diálogo interior de las personas, como también una intersección que representaba el foro donde ellas se reunían y hablaban.[…] todos los formatos más característicos de este nuevo enfoque “se repliegan sobre sí mismos”

Escuchar

“Una mañana, antes del desayuno, doy un paseo por las milpas cercanas alrededor del ejido. Al regresar me encuentro con una niña, tal vez de siete u ocho años, una alumna de las clases de alfabetización. Nos hablamos en tojolabal y así al saludarnos me pregunta: “¿A dónde fuiste?” Le dije que hice un pequeño paseo. Otra vez me dice la niña: “¿A solas fuiste?, estás muy triste”. Con estás palabras se despidió y entró en el sitio que rodea su casa. La niña respondió a lo que escuchó de mis palabras, y que yo no escuché como ella lo hizo. Me pregunté, ¿estoy muy triste? ¿Percibió la niña algo más profundo en mis palabras de lo cual no me di cuenta? Me dije que así nos escucha otra cultura. Parece que profundiza a niveles a donde no llegamos, no sabemos llegar. Nos quedamos en la superficie. El escuchar a fondo percibe realidades para nosotros escondidas. Así estuve dialogando conmigo mismo, pero no estuve seguro. De todos modos, la niña escuchó lo que yo no percibí a pesar de que nos comunicamos en la misma lengua. […] En la sociedad dominante no solemos sentir tristeza si estamos solos. A menudo buscamos la soledad. Hasta que, de repente, nos agarra y sacude la soledad y no tenemos a nadie que nos acompañe y en quien nos podemos apoyar. En el contexto tojolabal, en cambio, los que están solos están stuch’il, es decir, desarraigados. Viven como abandonados. Pero nosotros, en la sociedad dominante, vivimos sin damos cuenta de nuestra situación. Para los tojolabales, si estamos solos nuestro corazón está triste y no contento.” Carlos Lenkersdorf. Aprender a escuchar. Enseñanzas maya-tojolabales.

 

Cosificar

La psicologia del Yo conceptualiza. En su intención de encontrar aquellas variables cognitivas o emocionales que median los comportamientos llegan a cosificar a aquello que son redes de procesos. Mi intención no es negar que el conocimiento que puedan generar las teorias humanistas, cognitivas o psiconaliticas u otras no pueda tener utilidad a la hora de guiar las entrevistas terápeuticas e incluso se trasladen a la vida social. Conceptos como vivir el presente, ser un neurótico, trauma, bipolar, depresión, edipo, proyección, etc. no llegan realmente a comprenderse. Primeramente por la dificultad que ya nos requiere a los psicológos acercarnos a ese conocimiento. La principal razón es que son conceptos que provienen de una praxis clínica y sin ella en ocasiones es dificil relacionar conceptos con experiencias y además comprender el contexto de donde surge ese conocer. Pero poco a poco muchos conceptos son transferidos a la vida social. En ocasiones observo en mi o en los demás como algunos de ellos se utilizan para justificar lo que a uno le pasa, más que para ayudar a describrirse o comprenderse un poco mejor. Mi idea con este escrito es que el conocimiento psicológico debería facilitar procesos, más que cosificarse en un concepto. No sirve de mucho decirme o decir “es que está persona tiene ansiedad porque tiene baja autoestima”. ¿Qué nos dice ansiedad? o ¿que es exactamente autoestima en esa persona? Damos por sentado que sabemos que le pasa. Muchas veces en el devenir profesional y personal exploramos que eso sintomáticamente, es ansiedad, no lo niego, pero tal vez es un malestar por un conflicto con alguien, una noticia negativa, etc…(a saber) que está enmarcada dentro de alguna vivencia importante para esa persona y sin duda en el marco de algún tipo de relación o dialogo que la persona lleva consigo mismo. Conocer y saber nos genera una seguridad; “esto es así” y ahí nos quedamos. Seria interesante que pudiéramos invitarnos a explorar nuestras ideas, nuestros sentimientos, sin llegar a concluir, de una forma casi lúdica, reflexionar por el mero de reflexionar…

Tender puentes

Cuando leo a Harlene Anderson me siento inspirado. Hago mío cosas que leo en su libro: “Conversaciones, lenguaje y posibilidades. Un enfoque postmoderno de la terapia”. De fragmentos leídos genero esta reflexión que es propia; mi actitud es la de tender puentes entre distintas orientaciones, filosofias y conocimientos. Mostrar una abertura hacia otras teorias, modelos y técnicas. Creo que eso es postmoderno. Creo que necesitamos colaborar. Si estoy en un lugar y no se me permite dialogar, eso es una tradición moderna, puede ser útil, no lo niego. Pero no puedo tender un puente cuando el otro no manifiesta una actitud dialogante. Creo que hay implicaciones importantes en nuestras democracias y sociedades. Dialogar creo que es una práctica muy ausente y muy necesaria.